Plaza de armas de nuestra histórica ciudad de Chota, con su Catedral y su exquisito y muy peculiar "Kiosko" (léase glorieta o pérgola), coronados por el espectacular cielo blanquiazul que cautivó a Akunta; el mismo lugar de aquella mítica laguna que nuestra Inmaculada eligió para su jardín; lugar y plaza de donde partiera Tantallatas hasta el rey en España a reclamar por los abusos de los colonizadores; plaza donde Consanchillón juró ¡Libertad!; plaza donde Becerra arengó a los últimos chotanos a vengar la afrenta chilena, gestándose la gloria del Cárcamo; plaza donde Benel y Osores enfrentaron sin cuartel la tiranía gobiernista; plaza donde Anaximandro y Don Mario nos legaron sus más elevados cantos; plaza, en fin, donde el chotano común y la chotana común ratificaron la creación de nuestras orgullosas Rondas Campesinas.
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ALMA CHOTANA
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¡Las llamas están quemando
el acero de mis venas!
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Ojo inmenso de la noche,
la Luna ya está aguaitando,
ojo agorero de tuco
que vislumbra el holocausto.
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Mi Chota, sola y heroica,
desamparada en el campo;
sus hijos lejanos andan
por Cárcamo y por San Pablo.
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Cuando el enemigo llega
con antorchas y caballos,
alisos y sauces tiemblan,
tiemblan de sólo pensarlo.
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Ya el enemigo cobarde
le ha prendido las entrañas,
y en vez de humo salen
rojas coronas de patria.
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El alma chotana se forja
en el crisol de esa hoguera:
¡Las llamas están quemando
el acero de mis venas!
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El viento chotano ruge
para apagar la candela;
y las llamas se defienden
con la bravura de guerra.
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¡Llamen al río Chotano
a que apague esas hogueras,
y que tiemple para siempre
el acero de mis venas!
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Picoteando en la noche
las llamaradas se elevan,
y el alma chotana al cielo
orgullosamente llega.
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Surgirá Chota, indomable
Fénix, de este fuego fatuo,
orgullosa, altiva, bella...
fiel cuna de mis hermanos.
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La Luna sigue aguaitando
con su pupila agorera,
¡las llamas siguen quemando
el acero de mis venas!
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: César Gilberto Saldaña Fernández